jueves, 2 de julio de 2015

Mesita y después


Ante todo voy a aclarar que no tengo intenciones de formular juicios de valor sobre la performance realizada ayer por la tarde en mi querida Facultad de Ciencias Sociales.No creo que este tipo de experiencia sea susceptible de etiquetarse como algo que está bien o mal. Sí creo que logró perfectamente su objetivo que fue generar preguntas, y a esas preguntas me voy a remitir.


¿Qué entendemos por espacio público? ¿Quien define lo que se puede o no se puede hacer en ese espacio? ¿Se podría haber hecho una performance de estas características dentro de un aula, con una advertencia explícita de lo que ocurría adentro para que sólo accedieran los interesados? Sí. ¿Hubiera sido una intervención en ese caso, con la  misma fuerza y repercusión? Claramente no.


Por otro lado, se pone en juego el debate de si era artístico o no. En mi opinión no se trataba de una muestra artística, era una intervención totalmente disrruptiva, pensada para generar polémica volcando sobre la mesa (literal) al sexo y todos los tabúes y prejuicios que aún hoy, en pleno siglo XXI, conlleva. Es una carga muy pesada para el deseo humano tener lugares específicos donde realizarse, roles concretos,prácticas que estan bien vistas y prácticas que no. En ese sentido, la intervención fue política, no apunto a lo estético, sino a remover en nosotros los fantasmas y supuestas verdades en torno a algo tan simple como coger.


Una de las cosas más violentas que generó la performance fue el fuego cruzado entre compañeros de nuestra facultad, entre aquellos que aprobaban la muestra y quieren la repudieraron sin miramientos. Un desfile de pseudointelectuales y no tanto midiéndose (midiéndonos, me hago cargo) los "micrófonos" a ver quién es más progre o quién está del lado de "la razón". De esta experiencia destaco lo siguiente: a mí me parece que aquél que no disfrutó de la performance tiene todo el derecho a expresarlo y a considerar que de algún modo su moral se vió afectada. Sí, todos tenemos moral, que no es lo mismo que moralina, y la misma puede verse perturbada. Porque independientemente de que todos tenemos sexo y la mayoría alguna vez miró porno, lo que choca es el espacio en el que eso sucede. Entonces, cuando el goce sale de la caja y de la habitación cerrada del cuarto, es lógico que haya quien no se sienta a gusto con esa exposición. Por eso, banco infinitamente al que diga "No me gustó", "Me avergonzó", etc. Pero cuando los argumentos pasan por el "respeto a las instituciones", porque "las cosas fueron así siempre, por lo tanto, hay que respetarlas", por "¿Qué van a decir de nosotros?", habla de falta de reflexión crítica. No invalidan el derecho a la opinión, pero sí plantean varios interrogantes acerca de hasta qué punto las normas y buenas costumbres nos penetran y no hay experiencia académica que rompa nuestra visión sesgada.


¿Qué es lo que molestó de esta performance? ¿El deseo puro y crudo en un espacio que desconcierta? ¿Que el espacio no era el "apropiado" (otro día discutimos en términos de quién)? ¿Qué es lo que nos aterra del acto sexual público? ¿Qué es lo que vuelve a esta pequeña muestra más repudiable e indignante que las corridas de San Fermín? ¿Por qué nos confronta y nos incomoda el sexo? 

Del mismo modo podríamos preguntarnos, ¿había otras formas de abrir el debate? ¿Hubiera sido más bienvenido si se hubiera presentado como, por ejemplo, la proyección de una película porno de Erika Lust? ¿El problema fué el acto en vivo, la desacralización del espacio académico, la exhibición del deseo como estructura subyacente de la social, como poder inconmensurable?


Para terminar, considero que este debate, del modo que se da en los medios (es decir, estéril y carente de contenido) hace que pasen desapercibidas cosas que verdaderamente son motivo de repudio, como esta noticia. En algún punto nuestra sociedad se rasga las vestiduras con el sexo a plena luz del día mucho más que con la vejación del cuerpo en las sombras.


Defiendo incuestionablemente a quienes vivieron esto como una experiencia innovadora. Defiendo incuestionablemente a quienes se sintieron ofendidos. Todo sirve y todo es válido mientras esto nos generé eternas charlas de bar preguntándonos por qué el mundo es cómo es y cómo queremos que sea.




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