viernes, 29 de mayo de 2015

Cosas, rosas, fosas

En París existe una costumbre, una tradición, un ritual curioso (entre muchos otros, por supuesto). Al parecer los enamorados colocan candados en las barandas del conocido Puente de las Artes y arrojan la llave al Sena, simbolizando la eternidad de su amor. Ahí, ¡PAF!, en un segundo, sellan un instante para siempre, de cara al río. Imagino a las parejas, borrachas de vino y de encanto, corriendo al puente en plena madrugada, riendo a carcajadas, tomados de la mano, preparados para encerrar una porción de tiempo en esas orillas. Qué obsesión intensa tenemos por frenar el tiempo, congelarlo, etiquetarlo, colgarlo en un aparador. Atesorar el instante feliz.

Sin embargo, este lunes la ensoñación parisina se despierta y los candados van a ser removidos, reemplazados por paneles transparentes. Aparentemente el peso de los candados hizo ceder el hierro de las barandas, por lo cual no queda más remedio. Del lado de la ingeniería civil, la opción lógica e inevitable. Del lado de acá, en este escritorio, en esta oficina, un poquito de pena. Son tan pintorescas las costumbres citadinas, aquí, allá y en cualquier parte. ¿Se imaginan, por un instante, que el candado efectivamente mantuviera a las parejas unidas? ¡Escándalo en París! ¡La mitad de los habitantes de la urbe sufren rupturas bruscas! Testimonio en primer plano:

“Mi novio salió a andar en bicicleta a las 12:30. A las 14 nuestro candado cayó de la baranda. 14:15 estaba en la puerta amontonando sus cosas.”

“La noche del domingo, mi novia y yo decidimos casarnos. Al día siguiente no pudimos ni tocarnos la ropa.”

Cosas por el estilo, en los principales periódicos, la magia rota en las calles, la esperanza consumida. Yo, si fuera una joven enamorada parisina, esperaría pacientemente para dibujar con marcador indeleble un candadito, pequeño y rosado, sobre el panel. Día tras día, la mampara se llenaría de candados, candaditos, candadotes. Una obra de arte, una intervención callejera, el Sena loco de alegría porque vuelve a ver en primera fila las promesas, los besos, los intentos efusivos e incendiarios de quitarle el tiempo su puta costumbre de pasar sin detenerse.

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