domingo, 9 de noviembre de 2014

Surrender



Apareció y ahí estaba yo, desplegando mis redes de palabras para enredarlo, empaquetarlo y darle un lugar en mi anecdotario clásico. Estaba lista para planear un buen título, para dibujar en el aire mil y un figuras con las cuales describirlo, etiquetarlo,definirlo, entenderlo, adueñarmelo en silencio. Entonces fue cuando sucedió: no pude escribir.
Hace exactamente 6 meses y 15 días que busco la manera de volcarlo en papel. ¡Cuán indignadas estaban mis musas, de paro sin entender el por qué! Es que no había palabra alguna que pudiera encasillarlo, encuadrarlo, pintarlo entero. Entonces me dí cuenta de que no tenía las palabras correctas y perfectas, porque este ser extraño excedía los límites de mi imaginación (y eso que la misma es una vía láctea de amplitud, inagotable e inabarcable)
Descubrí que tenía palabras para hablar de madrugadas intensas, palabras para reírme de mi misma o para despellejarme sin piedad. Tenía palabras para hablar de los amigos, de las fiestas, de los gestos mudos. Podía escribir sobre el mundo que existe y el mundo que queremos los que no nos resignamos a dejar de soñar despiertos con lo imposible. Tenía palabras para denunciar lo descarnado, lo obtuso, lo retrógrado, y para proponer cosas distintas, frescas, nuevas como la primer mañana de cada enero. Tenía miles de palabras para relatar el desamor, los fracasos dulces, los errores que todos bien sabemos habríamos de repetir una y otra vez. Podía hablar de princesas chiquititas, hacer un manifiesto completo sobre algo tan simple como mis rulos. Podía relatar un suceso de menos de un minuto con lujo de detalles. Podía hablar sobre Peter Panes, canallas, excedidos, mojigatos, cargados de aguijones. Pero todo ese caudal de letras no servía para nada cuando intentaba mínimamente decir quién era, cómo era, qué era, quién era ahora yo.
Tal vez nunca encuentre las palabras perfectas, porque sentirlo todos los días es mejor. Sólo sé que desde que se cruzó en mi camino descarrilaron todos los coches, mis palabras, mis ideas, y ese bicho raro, mi antigua némesis, que es mi corazón.

2 comentarios:

  1. Sencillamente perfecto amiga. Como entiendo esa sensación, es rara y a la vez tan increible. Tus palabras la describen maravillosamente (L)

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    1. Me haces sonrojar :3 El llanto sobre el yogur valio la pena jajaja

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