miércoles, 1 de octubre de 2014

Geografìa.

A veces me pregunto por qué te quiero tanto Buenos Aires. Si, ¿por qué? Si tantos hablan mal de vos. Si a veces corres tanto que es imposible alcanzarte sin marearse. Si no conoces el silencio, ni sabes lo que son los veranos en la terraza del pueblo, allá lejos, en el oeste donde a veces no hay tanto agite como comenta la cultural del rock.¿Por qué te quiero si en ese laberinto de hormigón me pierdo yo, se pierde aquél, nos perdemos todos? ¿Por qué te quiero si sos el centro de todo cuando en tantos lados hay tan poco?

Resulta que al final, Buenos Aires, te quiero porque todos los días sos diferente, te quiero porque no descansas nunca y siempre hay una esquina en la que doblar y encontrarse con otra cosa. Si, así de vago es el concepto, pero "otra cosa" significa mucho. Significa algo distinto, que ya es bastante en un mundo donde lo siempre igual se idolatra como muestra de virtud cuando, en verdad, suele ser inercia, los huesos roìdos del tiempo. Te quiero porque sos inconstante, porque el camino a mi casa nunca parece ser el mismo, porque sos mujer, sí, sos mujer y eso es inconfundible. Te quiero porque tus calles no me juzgan y entonces me puedo equivocar, tropezar, estropearme y renacer. Te quiero porque ves con buenos ojos mis malas decisiones (que son las más lindas de las malas decisiones que andan dando vueltas por ahí). Te quiero porque ser libre para mí significó quedarme acá, entre tus luces, tu ruido, tu quilombo incesante, tu locura que es más cuerda que la salud mental programada, encerrada, encajonada de tantos bienpensantes que hipotecan felicidad por seguridad (que no, no son lo mismo). ¿Cómo no te voy a querer? Si me entendes mejor que nadie porque sabes lo que es ser frenética, impulsiva, delirante. Sabes lo que es contarle algún que otro secreto a las estrellas, decirles que dudas, que no sabés, que sos errática pero a la vez tenes los pies lejos del suelo. Eso es bueno, ¿no? Te quiero Buenos Aires, nunca cambies. Y si cambias, llevame a donde vayas.

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