jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Qué ves cuando la ves?


El periodismo determina sin tapujos quién es una vìctima y quièn no. La maquinaria pica carne sin descanso pero ojo, no cualquier carne, no todas las carnes igual.

Para los medios nacionales abandonar el secundario y gustar de la noche son causa suficiente para saber que una busca morir a los golpes, que una asume el riesgo de ser violada y asesinada de la forma más brutal. Pero no termina ahí: una pollera corta o un escote pronunciado es una súplica por sexo, y el NO es una mentira, el NO es una fachada, el NO no existe. También parece ser que una decide de antemano que desea ser abusada. "Si sabìa como era el boliche, ¿para qué fué?", se preguntan los señores y señoras indignados en sus casa, seguramente confiados y orgullosos de que sus hijas no frecuentan tales tugurios. No imaginan que la nena también se escapa por la ventana, que quizas haya frecuentado tugurios iguales o peores, que también le puede pasar. A la nena, señor, también le puede pasar.
No solo esto, sino que la Argentina bruta y falocéntica considera que si sos gorda (sinónimo de fea, indeseable, incogible hablando mal y prnoto) tenes que estar AGRADECIDA de haber que te hayan reducido y vejado. Claro, porque no tenes la posibilidad de elegir en qué cama meterte y a quién meter en la propia, porque no hay opciones para vos, salvo que algún confundido, borracho, CIEGO se cruce en tu camino por casualidad (más bien, accidente). Las fotos de las víctimas circulan por todas partes y todos se dan el lujo de etiquetar, manosear, ningunear sus rostros, las pintan de cuerpo entero como si las conocieran. "Y si, con esa cara de putita, ¿qué queres?" La mujer no tiene derecho a ser putita, a seducir, a ser hembra, porque esto implica que su destino muy probablemente sea una bolsa de consorcio negra.

Anoche apareció el cuerpo de Melina. El "algo habrá hecho" sigue pegado al paladar de nuestra sociedad.   

Argentina hipócrita y femicida.

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