Escribo para entender.
El mundo, la vida en este mundo, es una cosa confusa, enredada, endiablada. Escribo para entender y seguir, que al fin y al cabo es el único modo de transitar. Escribo para atar cabos. Escribo para soltarlos también, cuando tengo que revisar mis conclusiones apresuradas, mis arrebatos incesantes. Soltar cabos cuando no todo es como yo creía que era.
Escribo para entender cosas al principio ininteligibles, como la ausencia, el temor, el fin del amor, que sigue siendo una puerta cerrada e insondable para todos. Nunca entendemos por qué termina el amor. Nunca entendemos por qué terminan los buenos tiempos. Simplemente, no entendemos el final de ciertas alegrías. Entonces es cuando escribo. Escribo y veo que tal cosa sirvió para tal otra. Veo que el supuesto abismo habia durado segundos, tan solo para colocar bajo mis pies un escalón, y otro, y otro, y otro más, hasta que de pronto no hay abismo, solo cielo. Escribo para contar mi historia, y la historia de otros. Las historias que me invento en la calle, entre el ruido. Escribo para entender en qué país vivo, qué país quiero y cuánto quiero a mi país. Escribo para entender por qué la gente se comporta tan por debajo de lo que yo espero de ella, y escribo porque sé que un día las cosas van a cambiar. Escribo para entender por qué la sociedad está dormida y cómo despertarla. Escribo para despertarla.
Otros días escribo con fines menos heróicos, como entender por qué amé o por qué amo, entender el adios, entender la nostalgia, entender cómo se juntan las piezas de ese gran rompecabezas que doy a llamar 25 años de convivencia intensa con mi propia locura, y con la ajena. Escribo para leerme más adelante y sonreir. Escribo porque escribiendo todo adquiere o pierde sentido a gusto. Escribo porque tal vez escribiendo es como aprendemos a crear realidad, a entender que hay otro mundo posible, otro vos, otro yo, otro nosotros posible.
:) :) :)
ResponderEliminar