El tiempo es un soplido de color.
Pulgarcita había soñado. ¡Y qué sueño! Se la habían colado entre la ropa las imágenes y sensaciones, como en un suspiro. Se despertó afiebrada y triste porque, claro, pasó por esos minutos en los cuales uno se va dando cuenta que lo que acaba de vivir no era real, y un manotazo la devuelve al sábado por la tarde y al silencio de tantos meses. Pulgarcita se avergüenza de su sueño y no quiere compartirlo con nadie. Apoya el mentón en las rodillas, la sábana resbala y la deja al descubierto, casi tan desnuda como su alma, mientras los detalles se le escapan. Pero el sueño no se olvida del todo. Sobretodo las palabras. Las palabras se le enredan en los oídos, tan deliciosas,tan fuertes que la suspendieron en el aire y ahora yace rota en el mundo real. Crudo y rabioso despertar.
Los dedos se retuercen en el teclado: "Hoy..." Piensa. "Soñe con..." Dale, ¿en serio? "Vos". Otra tarde de esas bien cobardes. Los mismos dedos borran rápido el mensaje y vuelven a los días donde el sol brilla, sí, pero falta un rayo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario