miércoles, 1 de enero de 2014

Tiempo.



Me gusta ver los meses del año como una especie de rayuela. Saltar por ellos en un solo pié, caerme, levantarme de un salto, como cuando uno es chico y el raspón en la rodilla no significa nada.
Lo lindo de los años nuevos es que traen esa dosis de esperanza, esa mujer rabiosa que te hace darte cuenta que los días estan hechos de tiza. Que podes borrar y volver a dibujar y crear tus días a medida, y sonreirle a la adversidad incluso cuando viene más perra y explosiva que nunca. 
El primer día de enero se reparten las cartas, y uno empieza a jugar. A veces tenes manos divinas, cantas truco y retruco, te llevas todo, triunfás. Otras veces tenes que zafar con el cuatro de copas, pero en todos los casos es uno el que define. En lo personal, de vez en cuado me cruzo una sota y dudo. Dudo porque no sé lo que gano, porque no entiendo, porque creo no merecer. Pero cuando la juego ahí sí...Ahí sí que me doy cuenta que lo bueno llueve, la tristeza se barre, se escupe bien lejos. De vez en cuando me voy al mazo. Pero hoy no. Ya no. Que mazo, ni mazo. ¿Cuál es la gracia? Marcame los puntos, que ganamos y perdemos pero jugamos. Cuando dejamos de jugar, nos empezamos a morir. Nadie se quiere morir. Es tan lindo estar vivo.



-¿Qué le pediste a Papá Noel?
-Una segunda oportunidad.
-¿Y te la trajo?
-Me gustaría pensar que está un poquito demorado...

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