domingo, 29 de diciembre de 2013
Pazguata
Resaca en mis dedos.
Se sento en medio de la lluvia torrencial, el mentón en las rodillas, la mirada fija. Las gotas la golpean con fuerza, martillazos violentos que le resbalan por el flequillo, se le cuelan en la boca. Espera con la inocencia de un niño.
Me gusta tomar comienzos y finales, mezclarlos y coserlos entre sí. Es un tejido de colores. No se sabe dónde empieza y dónde termina, como todas las historias. El punto final se pone después, uno lo dibuja en la memoria y dice: "Sí, ahí terminó."
La ropa empapada se le pega al cuerpo. Sonríe.
Del mismo modo, cuando vivir es lo que toca, mezclo finales y principios, busco puntos suspensivos, los desentierro de la arena, del barro, del cemento.
Se levanta vapor del cuerpo caliente mientras la lluvia cae. Ella sonríe en medio de la niebla. De pronto hay luz. De pronto no hay silencio La lluvia canta, canta con ella.
Y si quiero termino de escribir acá, porque los puntos suspensivos se me escaparon, como las perlas de un collar desparramadas sobre un piso de madera.
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