Hay un tema que suena en la radio.
Hay un plato sin lavar.
Hay una pipa encendida.
Desde lejos parece una escena mundana. Pero de cerca, hay algo que se cuece entre las paredes dormidas. Un murmullo, ecos extraños, ruiodosos, temblorosos, que saben contar historias.
Te pido que te vayas a recorrer otros caminos, lo más lejos posible de mi cama, que te metas en otras, que conozcas, que sepas de qué habla la calle. Para que así entiendas lo que les pasa a las minas como yo con tipos como vos.
No hay una sola vela encendida. No están húmedas las sábanas. No emana perfume del placard.
Te pido que viajes por todas las partes del mundo que te llamen, que te busquen, que te perturben los sueños. Te pido que guardes fotos de cada kilómetro recorrido. Te pido que en la piel te lleves todo lo se cruce en tu camino. Te pido que no me lleves colgada de tu nuca.
Faltan tantas horas para que salga el sol pero ella está bien despierta, jugando con jirones de luz detrás de sus ojos, que luego acarician suavamente sus caderas y la pierden, y se pierden.
Te pido que vivas, y vivir no es esa mímica absurda de la jornada laboral, del "deber ser", del dormir ocho horas porque hace tanto bien. Vivir es que no te quede nunca encarnada la espina de la duda, del "¿Y si hubiera hecho esto?". Quiero que estes más vivo que ahora.
A veces las mejores aventuras aparecen a la vuelta de tu casa. Pero la verdad es que siempre se cuenta las que suceden lejos.
A veces las mejores calenturas duran un segundo. O eso pareciera.
Y cuando hayas vivido todo lo que te pedía el cuerpo de la mañana a la noche, sin pausa, sin apuro, volvé. Volvé que voy a estar tan cargada de vida como vos, algo perdida, como siempre. Sabes que me gusta contar historias.
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