Hey vos! Si, a vos te hablo. Vos que estas ahí sentado en tu auto y crees que manejas, que vos controlas, que decidís a dónde vas. Pero no.
La prueba más clara de que no tenemos libertad es el despertador sonando cada mañana, a la misma hora, empujándonos a la rutina, a esa locura silenciosa que de a poco nos apaga, nos quiebra, nos mata. No hay nada más fácil que poner el piloto automático y levantarse de la cama para ir a trabajos insanos, a cumplir el deber, a maniatar el artista que llevamos adentro. Todo transcurre con total normalidad hasta que un día, de repente, cometes el pecado de cuestionarte. Entonces, como las fichas del dominó, todo se derrumba, se derriten las paredes como si fueran cera de vela, te tapan, te ahogan.
Decime vos, ¿estudiaste lo que realmente querías, o lo que te dijeron mamá y papá? ¿Te gusta tu trabajo? ¿Te gusta el lugar donde vivis? ¿Te levantas todos los días con una puta razón que no sea simplemente respirar?
Disculpame, no era mi intención molestar. Yo sé que es más fácil, más cómodo, más lindo seguir ignorando que cuando el reloj suena, cuando el piloto automático está encendido, dejar de ser libre. Es duro saber que la libertad tiene algunas horas por día para que la tomes, muy pocas. Pero yo...que se yo, elegí ver. Duele como un río de alcohol en las heridas, pero se siente a vida como por primera vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario