Las palabras tienen gustos y texturas, ¡no me digan que no! Se me ocurren algunos ejemplos.
El "Buen día" tiene sabor a café con leche aunque sean las 12 del mediodía y siempre se dice con un tono cantado, suena a campana, hasta cuando lo decimos mal dormidos y enojados.
Un bien puesto "Andate a la mierda" es rasposo como papel de lija y te deja los dientes limados y adoloridos, aunque el dolor más bien viene de la bronca. La palabra "bronca" misma es como un engranaje que anda necesitando aceite.
"¿Nos vemos hoy?" es suavecito como la seda, afelpado, susurrante, hasta en las voces más graves. Rebosante de esperanza y de promesa, se suelta en el aire, se deshace y se derrite. Cuando viene un "Sí, dale", es como si soplara un viento que le levanta la pollera a todas las damas del microcentro. Cuando, en cambio, lo recibe un "No, no puedo", suena como un yunque desplomado en la vereda, y ni te cuento cuando viene con vistas al "No quiero", que capaz no se dice pero se cuela como una espina clavada en el pecho desinflado de la invitación.
"Mamá" y "Papá" son pasto fresco con olor a otoño.
"Mi amor" es como una cucharada de miel espesa sobre el cuenco de cereales.
"Ufa,che" suena a tren en movimiento.
"Te extraño" es como un Lego atravesado en la garganta, imposible de tragar pero no se escupe, no se suelta por temor a que a ese Lego no le siga otro Lego y no se forme un castillo en el medio del pasillo donde abrazarse por fin después de tanta espera.
Quiero jugar con mi nombre ahora.
Digo "Julieta"
Ju
Lie
Ta
Juuuu liiiiiii eeeeee ttttaaaa
Me gustaría adivinar a que les sabe o como se siente mi nombre a tantas personas. Yo por lo pronto lo siento como una pluma, ligera, bailando sobre mi cabeza.
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