domingo, 10 de noviembre de 2013

El manifiesto de las Mafaldas

Las Mafaldas somos seres extraños. Más que extraños, me gustaría definirnos como originales, extravagantes, o locas lindas, como prefieran. Devotas del "Me, myself and I", las Mafaldas somos radicalmente individuales, "singulares". Nos ponemos etiquetas, mascaritas.
Las Mafaldas somos, ante todo, autosuficientes. Nos brota por los poros la necesidad de ser NOSOTRAS, así con mayúsculas. Todo lo podemos, y lo podemos solas. Nos enorgullecemos de irnos solas de casa contradiciendo las expectativas de mamá, de vernos ir felizmente casadas o minimamente conviviendo con un hombre protector. ¿Hombre protector? ¿Protegernos de qué? ¡Pero si somos guerreras! Tenemos como arma el intelecto, una cierta astucia y cálculo, fortaleza. Claro, porque las Mafaldas somos chicas duras, independientes de todo y de todos. De lo contrario nos genera frustración.
Nuestra némesis son las Susanitas. Esas criaturas delicadas y frágiles, soñadoras, expectantes y deseosas de encontrar al amor de sus vidas. Yo creo que no se trata de odio, sino de no entender. No entendemos su devoción y su locura. Las percibimos vulnerables, ¡y qué miedo da la vulnerabilidad! Nos provoca escozor la mención de la palabra. No nos da miedo ser futuras profesionales, estudiantes ejemplares, mujeres de mundo. Pero la idea de ser madre nos provoca un sarampión en el alma. La idea de ser una mujer convencional se presenta como una pesadilla insorpotable.
Cuando abrace a una Mafalda, preste atención. Al principio se pondrá tensa como un gato en estado de alerta. Para ella la intimidad termina en su cuerpo y en su mente inquieta, que dibuja historias, que debate, que no para de crear. El cariño para las Mafaldas es una cadena silenciosa, que la envuelve poco a poco. Para ellas no hay cosa más preciada que la libertad. Entonces, erróneamente, confunden el amor, la vida familiar, con la bomba atómica que destroza su preciado corazón coraza. Nunca veran llorar a una Mafalda. Ellas lloran solas, y cuando lloran, se odian profundamente. Se sienten Susanitas, se avergüenzan. Por eso procuraran siempre pretender que nada les hace daño, se tragaran las palabras como si fueran hojitas de afeitar. Aqui está la paradoja: las Mafaldas, para salvarse, tienen que darle la mano a una Susanita. Intentar entender. Dejar de pensar por lo menos 5 minutos. Asumir que tener un corazón es la raíz de esa fuerza que ellas atribuyen a tantas otras cosas que a la larga no importan. A las Mafaldas les cuesta mucho contestar a la pregunta "¿Quién sos?" Se definen por los libros que leyeron, por sus convicciones políticas, por sus proyectos a futuro. Pero cuando todas esas capas caen son mujeres, como todas, y el amor les quema los huesos como a todo ser humano. Pero no son un ser humano cualquiera. Y por eso, solo por eso, con sus demonios, con sus locuras, con su increíble mundo interno, nunca veran a nadie levantarse tan rápido ni tener tanta esperanza como una Mafaldita. Si te las cruzas, teneles paciencia. No son de este mundo. Son de todos los mundos.

Fire can't kill a dragon.


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