sábado, 26 de octubre de 2013

La sirena desafina.


No me pidas que ande con modestia por las fiestas, que me ponga una careta o que pretenda, solamente que pretenda. Pretender nunca fué mi forma. No me pidas escenas de celos pasionales, ni que marque territorio sobre tus pasos. No me pidas que intente intimidar a las demás, te aseguro que nunca voy a ser una mera sombra y para ello, para brillar, no necesito mostrarle los dientes a nadie.
No me pidas que compita con tu madre, no es mi lugar en este mundo. Tampoco esperes que me quede quieta. Para mí quietud es sinónimo de muerte, necesito revolverme, subirme a la silla, a la mesa, caer.
No me pidas que renuncie a los sueños que he llevado como corona invisible en la cabeza. Pedime que los mezclemos, que hagamos encajar piezas. Pedime que hagamos papel picado con nuestros sueños y en esa infinita lluvia de deseos hagamos todo realidad y de la mano. Pero no me pidas que renuncie, no me pidas que me rinda, no me pidas que elija lo que no deseo elegir.
No me pides que guarde mi mundo en una cajita, porque con el tuyo supuestamente me basta. Sin mi mundo soy una sombra fría, tiesa. Si mi mundo no existiera, no habría persona de la cual enamorarse. Yo no sería lo que soy y tal vez ni llegamos a conocernos, ni nos volvemos a ver, ni nos damos esa chance porque no hay nada. No hay mujer, hay un espejo. Te perderías a la niña vestida de blanco, a la puta de Babilonia, a Frida sufriendo y las canciones de Chavela.
Si me vas a querer, quereme libre. Y sino, no me quieras. Dejame que me quiera sola o quereme sabiendo que no creo en medias naranjas, ni bananans, ni ciruelas. Soy una naranja, entera y jugosa, la vida que no te falta pero sí te alimenta, como esos inviernos en los que no para de llover, o esos veranos de noches cortas pero radiantes. Quereme libre, che, que siempre fué y será pecado andar encerrando gorriones.

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