Al principio fué el frío, el todo, la fiebre, la amalgama, la parte gris.
No tardó demasiado en colarse entre las cosas, en la rutina, en los días largos. Como una especie de chispa que rebota en la vereda y te deja sonriendo y cantando y bailando (y negando). De tanta chispa se hizo calor. Fué ganando claridad como los amaneceres en la playa, como la cursilería barata que tanto decíamos no practicar.
De a ratos, empezo a refulgir. Poco a poco, de a mordiscos, comenzó a beberse de a sorbos la luz y se volvió una neblina opaca, difusa. Ella siempre jugó con la niebla pero esto era distinto. El distinto es una palabra que mete miedo, pero da curiosidad. Combinación desafortunada para gatos, y para ella también.
Un día corrió las cortinas y era tarde: YA ERA UNA BOLA DE LUZ. Encandilada avanzaba a tientas, sintiendo el aliento que le salía al paso, todo tan exacto, tan perfecto.
VOLATIL
Era VOLATIL.
Y fué asi tan volatil hasta que un día...
APAGÓN
Buscó el interruptor mientras la niebla se asentaba sobre ella, otra vez la niebla espesa, congelada como su aliento entrecortado de tanto correr a ciegas detrás de la luz.
Se fué haciendo de noche poco a poco, y ella empecinada encendiendo farolitos, velas, luces de colores, que estallaban en pedazos en sus manos. Parecía no terminarse ese momento, esa brutal estupidez de caminar sobre navajas
La noche la engulló y ella se entregó suspirando a la puerta cerrada, al"Hasta luego" mudo en el balcón desierto, al hoy no, ni mañana, ni nunca. Que difícil es el nunca.Cerró los ojos mientras el mar la devoraba, y en ese momento intenso, de caída, de barro en la boca, se atrevió a entreabrir los ojos y se vió. Se vió renacer en colores. No hay momento más intenso que el después de las tormentas.
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