Y así como quien no quiere la cosa, me subí al taxi y emprendí el regreso a casa. Entonces fué que me dieron ganas de escribirte, Julio, porque me parece que ya es hora. Hoy me vendieron un libro sólamente por notar que estaba leyéndote. Comprenderas que tus letras han hecho estragos (de los buenos) en mi psiquis revuelta.
Entendí viajando que tu París es mi Buenos Aires, la musa que se vuelca sobre mí, se derrama sin piedad, me incita y excita y rebela. Me doy cuenta de que hay que mirarla con los ojos adecuados. Desde que estoy acá encontré una esquina enteramente alfombrada, a los famosos locos de los que cantan los tangos, esas noches. Esas noches que te cuentan las canciones, los poemas, las novelas. Esas noches que tanto me aterraban y ahora me dan esa curiosa fascinación, la sensación de querer golpear los zapatos rojos tres veces y aparecer en el rincón más familiar de la que solía ser mi casa y, a la vez, un latido intenso en las venas que me piden que me quede, que la sienta, que la viva.
Los ojos correctos son los ojos buscadores de historias, buscadores de magia esparcida, de esa comunmente llamada realidad que es puro literatura,que dice algo distinto según quien la lea. Vos me enseñaste a mirar así. Me cambiaste los lentes del miedo a lo confuso, de la supuesta y mal parida normalidad. Y ahí me percato de que guardo en la mente el beso favorito de cada uno de los que he besado, de que tengo amigos de esos que solías describir, de que puedo hacerme invisible si asi lo deseo. Entonces pienso que ojalá no hubiera tomado el taxi, sino un colectivo, para extender el viaje, para seguir bebiendo ese aguamiel que cada mañana, adormecidos, enmudecidos, se nos escapa yendo al trabajo. Gozo de tal forma con los sentidos encendidos viendo las mil y un maravillas minusculas, y me doy cuenta la altura similar entre su avenida y la mía, y siento que podría poner un tablón, como vos lo pusiste entre dos ventanas.
Cuando te fuiste, en Buenos Aires llovian mariposas. Que astuto estuviste. Yo cuando no sea más que aire voy a buscarte para hacer estragos (de los mejores), para jugar al collage con el mundo entero, para pintarlo, para darle jn empujón a las historias. Me llevaré una mochila llena de divinos pecados, y seguiré escribiendo, como vos. Si, vos, que claramente sos quien ideó a las señoras que leen novelas eróticas en los colectivos tapandolas con pudor, a los vecinos que combaten rayándose las puertas, a los seres que más amo (que son la más intensa creación) y a esta Pulgarcita, revoltosa, tan inquieta como aquellas mariposas que volcaste.
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